Cuando la nieve crece

 Hoy vuelve a nevar, nada extraño, si vives en un población a 1.100 metros de altura a las faldas del Pirineo, pero para una persona nacida y criada en la isla de la calma, esto adquiere siempre un punto mágico, la nieve tiene algo difícilmente explicable cuando no siempre has vivido con ella.

 La nieve me fascina, disfruto cuando nieva, el silencio que se genera, la calma que me trasmite, me serena y me traslada a un mundo mejor. Un mundo dónde eres capaz de escucharte, de disfrutar de un paseo  en gran compañía mientras juguetean los perros, y ves caer los copos, esperando que no se detengan.

 Pero como decía, a la vez, la nieve es un elemento extraño, no pude ver nevar mucho de pequeño, en Mallorca suele nevar en la Serra de Tramuntana, pero en la ciudad de Palma, sólo recuerdo haber visto nevar, y cuajar esa nieve, dos veces en los 35 años que viví allí. La primera de esas dos veces, estaba en el colegio,  tendría alrededor de 11 años, y fue todo un acontecimiento, que no duró más de 30 minutos  😛 . En la siguiente, ya casi peinaba canas, y se pudo disfrutar un poco más, al ser de noche hasta pude darme un buen paseo entre almendros con el perro.

 Pero a los 11 años no fue la primera vez que vi nevar, fueron un par de años antes, embarcados en un viaje familiar a la NIEVE, es decir a esquiar. Para mi ese viaje es como una odisea, o así lo recuerda mi mente, ya que fuimos en barco hasta Barcelona y de allí a Baqueira Beret, y el tiempo, que ahora es capaz de pasar fugazmente, cuando eres un pipiolo transcurre siempre en cámara lenta, y los momentos que recuerdas te parecen eternos.

 La nieve, ese manto blanco que es capaz de cubrirlo todo…….Pero, ¿y si la nieve crece como la hierba? Al fin y al cabo, está ahí, en el suelo, como las plantas. Pues esa era mi idea de la nieve, que simplemente crecía, como nunca había visto nevar, mi cerebro de niño lo había colocado al nivel de las plantas, pero en invierno. 😀

 La cosa sucedió así, o por lo menos, así me lo contaba mi madre, descojonándose de mi, por supuesto. Uno de los días se puso a nevar bien,  copos grandes y más de un palmo de espesor acumulado durante la noche, me desperté, corrí la cortina, vi aquella maravillosa imagen, y solté con la alegría que sólo tienen  los niños:

” ¡ MAMÁ LA NIEVE CAE ! ¡ LA NIEVE NO CRECE ! “

Todavía puedo escuchar las risas.

P.D.- No puedo despedir este post sin contar algo que no esperaba, mientras había preparado mentalmente lo que ha sido este post, ya que llevaba un tiempo dándole vueltas, de hecho el título se me ocurrió paseando una noche de nieve a los perretes, me hacía gracia la anécdota.

 Pero una vez me he puesto a preparar las imágenes y me he sentado al teclado, me ha embargado un mezcla de tristeza y alegría. Mi madre falleció ya haces unos cuantos años, y fue una de las grandes causantes que a mi me entusiasme la nieve. Así que, se lo dedico a ella. Un beso allí dónde estés.

Fin de año atípico

 Estaba todo programado, aunque tarde, habíamos hecho la reserva del vuelo y del hotel para pasar el fin de año en Londres WOW!! era un planazo, ya teníamos previsto dónde ver los fuegos, cerca del hotel, alrededor de Regent’s Park, y si había sitio en Primrose Hill, ya que al decidir tan tarde el viaje no había posibilidad de verlos frente al London Eye.

 Todo programado ¿? Casi todo ¿? Pues no, no contábamos con un amigo inesperado en el viaje, una gripe muy cabrona que nos dejó en fuera de juego completamente la noche del 31 de diciembre.

 Recapitulemos un poco, para que se entienda todo un tanto mejor. Teníamos el vuelo el 28 de diciembre, desde Barcelona, mi santa ya se puso con fiebre el 27, pero sacó fuerzas para aguantar las horas de coche hasta el aeropuerto y después coger el vuelo. Yo no tenía síntomas de nada, también algo habitual en mi, mi relación con el virus de la gripe a lo largo de mi vida ha sido buena, nos respetamos bastante, yo le dejo hacer y el no me castiga con muchos días en cama o fastidiado.

 Los días 29 y 30 los fuimos capeando, saliendo pasear por las mañanas y descansando en el hotel por las tardes, el virus seguía su curso en el cuerpo de Miss Leyman, mañanas más o menos benignas y tardes de fiebre continua, nada nuevo, aunque nos mosqueaba la persistencia del virus en aguantar tantos días dando el coñazo.

 El 31 se despertó la bestia, a media mañana empecé a encontrarme mal y a eso de las 3 de la tarde la fiebre luchaba dentro de mi contra el maldito virus, dejándome en fuera de juego totalmente, por un momento hasta pensé en descansar un rato y luego salir a ver los fuegos y el ambiente, que iluso, me costaba hasta llegar al baño.

Atardecer desde la ventana de la habitación de hotel

 

Sobre las 6 bajé a tomarme algo de comer, y rápidamente subí a la habitación de nuevo, la fiebre seguía subiendo. Me quedé dormido y desperté a las 23:30, justo para ver el final del último programa de la BBC, antes de los fuegos, que por supuesto vi en la tele de la habitación.

 No recuerdo haber pasado un fin de año así, puede que de pequeño alguna vez me pusiera malo, la verdad es que no lo recuerdo. Si no he podido celebrar algún fin de año en condiciones siempre había sido por trabajo, por madrugar el día 1 de Enero o llegar a casa tarde, o justo, la víspera.

 Una nueva experiencia, saber aprovechar hasta estos momentos un poco menos buenos para seguir adelante e intentar disfrutarlos de la mejor manera. No siempre todo lo que se planifica sale bien, por muy bien planificado que esté, la vida maneja sus propias variables y poco podemos hacer, dejarnos llevar y aprender, siempre aprender algo.     

 

 Aún así el viaje ha valido mucho la pena, nos ha ayudado a ver hasta dónde podemos llegar, cuan lejos está nuestro límite, que pocas veces conocemos a no ser que forcemos la máquina, y como en este caso, las circunstancias te obliguen a ello. FELIZ AÑO a todos aunque sea final de enero.  😛