El último vuelo

 1 de Enero de 2013, primer día del año, y último de una gran etapa en mi vida, a la que había dedicado tanto tiempo y esfuerzo. Mi tripulación sabía que era un día especial para mi, aunque la inmensa mayoría de mis compañeros no creían que mi anuncio de abandonar la aviación comercial fuera a ser tan cierto. La salida estaba anunciada con tiempo, es común que en aviación pre-avises a la empresa con 3 meses de antelación antes finalizar tu contrato, y casualidades de la vida, y debido a mi reducción de jornada, mi vuelo de despedida era el día que comenzaba un nuevo año. Este es, el pequeño resumen de, El último vuelo de Mr. Kitos.

 Ese último día me acompañaría en la cabina Mark, 2 Marcos volando juntos  :-P, un gran tipo, irlandés, de gran conversación a la par que discreto en sus comentarios. Me hacía ilusión despedirme con él, me caía muy bien y habíamos hecho buenas migas el tiempo que compartimos la base de Málaga juntos. El destino, Skavsta, lo que para Ryanair era Estocolmo, una broma de  mal gusto si pensabas eso, ya que estaba a casi una hora de allí en autobús, uno de esos aeropuertos dónde hacían y deshacían a su antojo, y la verdad, en los cuales era muy cómodo volar.

 Una vez llegados al avión, revisé todos los papeles, y mientras Mark se preparaba para hacer el primer sector, yo vigilaba el repostaje y “le daba la vuelta al avión”. Todo estaba en su sitio, buen tiempo y más de 4 horas por delante.

 Una vez en tierras escandinavas, Mark fue el encargado de pasar frío, recuerdo 1 de enero y norte de Europa, mientras en la cabina de 737-800 preparaba el vuelo, básicamente firmar un montón de papeles conforme todo está correcto, revisar los últimos informes meteorológicos de aeropuerto de salida, la ruta y el de llegada, y de propina cargar el plan de vuelo en el ordenador y preparar el “briefing” de salida a comentar con el segundo, para los de habla inglesa el First Officer.

 La vuelta a Málaga fueron 4 Horas y 12 minutos, los últimos como Comandante de aerolínea, a los mandos de un Boeing 737-800, después de haber podido volar y disfrutar del Embraer 145, Boeing 717-200, Boeing 737-300 y -400, y en los comienzos de lo que la gente llama avionetas, PA-28, PA-38 e Islander BN 2B.

 La última aproximación fue a la pista 31, una bonita aproximación sobre el mar, y como fin de fiesta, y debido al poco tráfico, nos pudimos dar el lujo de hacerla visual, con un tráfico corto. No es tan fácil realizar ese tipo de aproximación en esa pista, la altura de las montañas circundantes hace que tengas que sobrevolar la linea de costa bastante alto y eso significa que se alarga la aproximación, cosa que, arreglamos convenientemente, realizando una de esas maniobras que tanto gustan a los pilotos, pero que me imagino no tanto a los pasajeros aprensivos, ya que genera mucho ruido, principalmente por bajar el tren de aterrizaje con velocidades más altas de lo habitual, y por el brusco descenso para evitar esas millas de más.

 Fue un gran día, tranquilo y coronado con una bonita aproximación, al llegar al suelo sentía una mezcla de liberación y tristeza que me estuvo  acompañando un tiempo, no es fácil dejar de hacer algo a lo que te has dedicado en cuerpo y alma durante más de 15 años. No fue una decisión fácil, el proceso fue complicado y lleno de dudas, pero después de pasados 5 años, estoy seguro que fue una decisión acertada por múltiples motivos. Nunca dejaré de ser un aviador, conservo mi licencia y hago mis pinitos.

 La vida cambia y evolucionamos, siempre tuve claro que no quería envejecer sentado a los mandos de un avión, adelanté mi plan entre 5 y 10 años, nunca lo hubiera podido hacer sin el apoyo incondicional de mi media naranja, que no dudó ni un segundo que ese era el camino, y que visión tenía  🙄

Nuevo “Safety Video” de British Airways y … es divertido

  Ayer vio la luz el nuevo video de seguridad que British usará a partir del 1 de septiembre. La “demo” dura un poco más de 6 minutos y hace gala de un humor muy británico, lleno de caras conocidas, que repasan perfectamente los aspectos a tener en cuenta antes de despegar.

  Personalmente soy muy fan de este tipo de videos, que se vayan cambiando de tanto en tanto, para que los pasajeros presten atención, si la demostración de seguridad se hace pesada y monótona,  pierde su finalidad, ya que nadie está pendiente de ella, con el peligro potencial que supone eso.

  Así que ha disfrutar durante un breve período de la seguridad aérea desde otro punto de vista.

 

Volar, el principio

 

 Muchas veces me han preguntado cómo empezó todo, como se me ocurrió subirme a un avión y empezar a volar, y la explicación nunca es sencilla, fue un cúmulo de circunstancias que me llevaron a querer subirme a una avioneta primero, y más tarde a gobernar un avión comercial.

 Repasando en mi memoria lo primero que me viene a la cabeza, son los días (o momentos) que pasaba con mi abuela jugando cerca del aeropuerto de Son San Juan, su molino, mucho antes de que lo desmontaran piedra a piedra, y lo trasladaran, a lo que es centro de control de Palma. Tengo destellos de corretear y jugar por aquella zona, mientras los aviones entraban y salían, son sólo eso, pequeños fragmentos que nunca he logrado ejecutar con precisión y posicionar en un lapso de tiempo determinado.

 Más tarde, y esto con un recuerdo más nítido, las mañanas que pasaba en verano en la oficina en la que trabajaba mi padre, dónde yo iba y completaba los libros de deberes de verano, que insistía para que me compraran, era un pelín empollón de pequeñajo, me duro poco, una lástima. Allí el ruido, el ajetreo, el ir y venir de pasajeros, y como no, la terraza desde donde se podían ver los aviones, esas máquinas fascinantes, puro hierro, que eran (y son) capaces de llevarte a través de los cielos. ¿Cómo no iba a querer ser parte de eso?

 Empiezo el instituto, y en 2º de BUP  (lo que hoy sería de 4º ESO), coincido con unos enamorados de los aviones, Cristóbal, Carlos y Matías. Un par de ellos hijos de pilotos, y como unos chalados nos dedicamos a quedar con nuestros vespinos e ir a la valla del aeropuerto a escuchar y descifrar, que aviones despegan o aterrizan, según el nivel de ruido, se llevaban la palma los DC-9 de Aviaco de largo. Allí pasábamos muchas tardes, charlando, zampando todo tipo de patatas fritas, e imaginando que llegaríamos a ser uno de los agraciados que pilotarían  esos aviones nada más acabar de estudiar el BUP y el COU.

 En COU, en el momento de definir que es lo que quería hacer después, solté la bomba en casa, sorprendió a medias, y digo a medias, porque una de las posibilidades que barajaba era estudiar medicina, y lo de piloto lo llevaba relativamente en silencio, eres joven y no muy experto en manejar los tiempos de las decisiones y como comunicarlas, algún grito de desaprobación ya se pudo escuchar en esos días.

 Por fin todo empezaba, tras realizar el servicio militar, me disponía a empezar mi carrera como piloto comercial, en Son Bonet, en casa, primer vuelo en una PA-28, estuve amarillo durante una semana, o eso dijo mi madre, la primera experiencia debió ser un tanto dura para mi cuerpo.