Cada día una frase

 Los errores son parte de camino, pero hay que aprender de ellos. Tener la capacidad de reconocerlos y enmendarlos te convierte en alguien mejor, dispuesto para otra batalla, de lo contrario entraremos a formar parte del equipo de los necios, y allí solo juegan los faltos de valor y los mediocres. Nunca quieras llevar esa camiseta. #mrkitos

Cada día una frase

 Todos tendemos a recordar las cosas que han sucedido más de la cuenta, hay que esforzarse en vivir el momento, el presente, pues suficientemente complicado es en si mismo, como para ir lastrandolo con recuerdos que no se pueden reescribir, y no ayudan en nada nuestra felicidad. #mrkitos

Cada día una frase

 El dinero es necesario, imprescindible, sin él no podríamos manejarnos por este universo capitalista, pero….tomar todas y cada una de tus decisiones basándote única y exclusivamente en él, te nublará el juicio, tomarás decisiones, que a la postre serán malas, incluso para tu dinero. #mrkitos⠀

Cada día una frase

 Tengo la firme convicción que existen pocas cosas más grandes y que te puedan hacer sentir mejor, que ayudar a los demás, aunque sean pequeñas acciones, pero poco a poco hace que vivamos en un mundo mejor, y al final este gran universo te devolverá todo de algún modo, ya que todo está interconectado. Ayuda sin esperar nada a cambio, eso es si mismo es el gran cambio. #mrkitos

Cada día una frase

 Empecemos la semana con esta gran frase de Hermann Hesse, disfrutemos del camino de los locos, seamos cada vez más los que pensamos diferente y queremos vivir de otro modo, fuera del rebaño, creando y generando nuestro propio camino hasta alcanzar lo que otros creen que es imposible. #mrkitos

Cada día una frase

 Estamos siempre muy centrados en lo que decir, lo que contar. Y debemos prestar más atención al saber escuchar, que cuesta mucho y es algo en lo que mejorar permanente. Siempre hay espacio para escuchar un poco más, incluso a uno mismo, por incongruente que pueda parecer #mrkitos

Volar, el principio

 

 Muchas veces me han preguntado cómo empezó todo, como se me ocurrió subirme a un avión y empezar a volar, y la explicación nunca es sencilla, fue un cúmulo de circunstancias que me llevaron a querer subirme a una avioneta primero, y más tarde a gobernar un avión comercial.

 Repasando en mi memoria lo primero que me viene a la cabeza, son los días (o momentos) que pasaba con mi abuela jugando cerca del aeropuerto de Son San Juan, su molino, mucho antes de que lo desmontaran piedra a piedra, y lo trasladaran, a lo que es centro de control de Palma. Tengo destellos de corretear y jugar por aquella zona, mientras los aviones entraban y salían, son sólo eso, pequeños fragmentos que nunca he logrado ejecutar con precisión y posicionar en un lapso de tiempo determinado.

 Más tarde, y esto con un recuerdo más nítido, las mañanas que pasaba en verano en la oficina en la que trabajaba mi padre, dónde yo iba y completaba los libros de deberes de verano, que insistía para que me compraran, era un pelín empollón de pequeñajo, me duro poco, una lástima. Allí el ruido, el ajetreo, el ir y venir de pasajeros, y como no, la terraza desde donde se podían ver los aviones, esas máquinas fascinantes, puro hierro, que eran (y son) capaces de llevarte a través de los cielos. ¿Cómo no iba a querer ser parte de eso?

 Empiezo el instituto, y en 2º de BUP  (lo que hoy sería de 4º ESO), coincido con unos enamorados de los aviones, Cristóbal, Carlos y Matías. Un par de ellos hijos de pilotos, y como unos chalados nos dedicamos a quedar con nuestros vespinos e ir a la valla del aeropuerto a escuchar y descifrar, que aviones despegan o aterrizan, según el nivel de ruido, se llevaban la palma los DC-9 de Aviaco de largo. Allí pasábamos muchas tardes, charlando, zampando todo tipo de patatas fritas, e imaginando que llegaríamos a ser uno de los agraciados que pilotarían  esos aviones nada más acabar de estudiar el BUP y el COU.

 En COU, en el momento de definir que es lo que quería hacer después, solté la bomba en casa, sorprendió a medias, y digo a medias, porque una de las posibilidades que barajaba era estudiar medicina, y lo de piloto lo llevaba relativamente en silencio, eres joven y no muy experto en manejar los tiempos de las decisiones y como comunicarlas, algún grito de desaprobación ya se pudo escuchar en esos días.

 Por fin todo empezaba, tras realizar el servicio militar, me disponía a empezar mi carrera como piloto comercial, en Son Bonet, en casa, primer vuelo en una PA-28, estuve amarillo durante una semana, o eso dijo mi madre, la primera experiencia debió ser un tanto dura para mi cuerpo.