Escribir, ese difícil arte

 Llevo tiempo pensando y madurando este artículo, no por nada en especial, sino más bien como una auto-terapia. Me cuesta, y mucho, sentarme al ordenador y ponerme a escribir, nada nuevo me imagino para los profesionales de esto, pero en mi caso es por una mezcla extraña de falta de oportunidad para realizar la tarea, con pereza en ciertos momentos y en otros el no querer meter la pata con algún artículo que pudiera ser controvertido.

  Mi cabeza, normalmente, fluye a ritmo extremo y tengo infinidad de ideas para escribir, incluso tengo una buena lista de “post pendientes” en la aplicación notas del teléfono. Todavía no he sufrido el síndrome de la hoja en blanco, afortunadamente para mi, claro está. Pero tengo que vencer mis miedos a escribir algo que a la gente no le guste o por lo que no despierte interés suficiente. Simplemente tengo que ESCRIBIR, y escribir más, mucho más, para convertirlo en un hábito y esperando que se convierta en arte.

 El reto me apasiona, y a ratos me estremece, dar rienda suelta, pero de verdad, a mis pensamientos, y de hecho ese era el fin principal de este blog, OPINAR sobre lo que me diera la gana. Pero como ya he comentado, mi censura, la mía propia, me ha privado de grandes momentos al teclado, seguramente “por el que dirán”.

 Creo  haber despertado de esa pesadilla, y gracias a una frase del blog de “Un informático al otro lado del mal”, blog muy recomendable, dónde básicamente, en uno de sus post, recomienda escribir sobre cualquier cosa que te suceda, pero escribir, para ir generando el hábito, y al que le guste lo leerá, y de paso ayuda a la persona, en este caso un servidor, a ir mejorando en su escritura.

 Así que ya tengo un gran propósito para este año, escribir sin descanso.

 Saludos a todos y abrazos mil.

Cada día una frase – Séneca

 Tengo la firme convicción que existen pocas cosas más grandes y que te puedan hacer sentir mejor, que ayudar a los demás, aunque sean pequeñas acciones, pero poco a poco hace que vivamos en un mundo mejor, y al final este gran universo te devolverá todo de algún modo, ya que todo está interconectado. Ayuda sin esperar nada a cambio, eso es si mismo es el gran cambio.

Con el Rey empieza la música

 La música siempre ha estado muy presente durante toda mi vida, no la concibo sin ella, forma parte de mi, de mis recuerdos, y es capaz de transportarme en el tiempo, devolverme la calma y hacerme sentir feliz. Escucho prácticamente de todo, siempre estoy receptivo a escuchar nuevas cosas, pero si algo me transporta mucho más allá, dónde sea que este ese lugar, es la música del Rey, Elvis Aaron Presley.

 Desde que unas Navidades me regalaron el primer disco, de vinilo, por supuesto, hace cerca de 30 años, nunca ha dejado de acompañarme Elvis, en los buenos y en los malos momentos, unas veces más y otras menos , pero siempre ha estado a mi lado.

                                

 A lo largo de este tiempo he podido aumentar mi colección con más vinilos, CD´s, DVD´s y multitud de archivos MP3, en algunos momentos rozando un tanto de locura buscando rarezas. Siempre que entro en una tienda que venda discos, lo primero es buscar que tienen de Elvis, por si acaso encuentro algo que llevarme a casa.

 Mi gran momento escuchando a Elvis, muy por encima de cualquiera otro en algún bar rodeado de otros locos del Rey, era antes de despegar de Funchal, en la cabina sacaba mi altavoz, mi iPod y disfrutaba de un par de canciones, ante la atónita mirada de los empleados del handling que cargaban el avión. Ahora me lo imagino y debían pensar que estaba como un cabra, pero me ayudaba a concentrarme después de una escala muy larga y la falta de sueño.

 La música de Elvis pasó por varias fases, alguna peculiar, como su fase Gospel, podía cantar de todo y en cualquier registro, gracias a una voz única. En mi adolescencia le adoraba por sus primeros años de puro y genuino rock and roll, con el tiempo he ido apreciando toda su carrera como una evolución a través del tiempo, y que tristemente las drogas nos privaron de disfrutar más de él.

 Todavía verle en alguna actuación me pone los pelos de punta, su energía sobre el escenario es impresionante. Y para muestra esta actuación en La Vegas, dónde sino, en el año 1970, Suspicious Minds, un poco más de 6 minutos de disfrute musical.