Volar, el principio

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 Muchas veces me han preguntado cómo empezó todo, como se me ocurrió subirme a un avión y empezar a volar, y la explicación nunca es sencilla, fue un cúmulo de circunstancias que me llevaron a querer subirme a una avioneta primero, y más tarde a gobernar un avión comercial.

 Repasando en mi memoria lo primero que me viene a la cabeza, son los días (o momentos) que pasaba con mi abuela jugando cerca del aeropuerto de Son San Juan, su molino, mucho antes de que lo desmontaran piedra a piedra, y lo trasladaran, a lo que es centro de control de Palma. Tengo destellos de corretear y jugar por aquella zona, mientras los aviones entraban y salían, son sólo eso, pequeños fragmentos que nunca he logrado ejecutar con precisión y posicionar en un lapso de tiempo determinado.

 Más tarde, y esto con un recuerdo más nítido, las mañanas que pasaba en verano en la oficina en la que trabajaba mi padre, dónde yo iba y completaba los libros de deberes de verano, que insistía para que me compraran, era un pelín empollón de pequeñajo, me duro poco, una lástima. Allí el ruido, el ajetreo, el ir y venir de pasajeros, y como no, la terraza desde donde se podían ver los aviones, esas máquinas fascinantes, puro hierro, que eran (y son) capaces de llevarte a través de los cielos. ¿Cómo no iba a querer ser parte de eso?

 Empiezo el instituto, y en 2º de BUP  (lo que hoy sería de 4º ESO), coincido con unos enamorados de los aviones, Cristóbal, Carlos y Matías. Un par de ellos hijos de pilotos, y como unos chalados nos dedicamos a quedar con nuestros vespinos e ir a la valla del aeropuerto a escuchar y descifrar, que aviones despegan o aterrizan, según el nivel de ruido, se llevaban la palma los DC-9 de Aviaco de largo. Allí pasábamos muchas tardes, charlando, zampando todo tipo de patatas fritas, e imaginando que llegaríamos a ser uno de los agraciados que pilotarían  esos aviones nada más acabar de estudiar el BUP y el COU.

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 En COU, en el momento de definir que es lo que quería hacer después, solté la bomba en casa, sorprendió a medias, y digo a medias porque una de las posibilidades que barajaba era estudiar medicina, y lo de piloto lo llevaba relativamente en silencio, eres joven y no muy experto en manejar los tiempos de las decisiones y como comunicarlas, algún grito de desaprobación ya se pudo escuchar en esos días.

 Por fin todo empezaba, tras realizar el servicio militar, me disponía a empezar mi carrera como piloto comercial, en Son Bonet, en casa, primer vuelo en una PA-28, estuve amarillo durante una semana, o eso dijo mi madre, la primera experiencia debió ser un tanto dura para mi cuerpo.

 

R

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 Llevo tiempo esperando a escribiR, a Retomar el blog, algo que empecé y siempre ha estado Rodando mi cabeza, tienes que volveR me decía una y otRa vez, pero nunca encuentRas el momento opoRtuno, óptimo para limpiaR la mente y daRle a las teclas de nuevo.

 PeRo, ayeR al acostaRme, me llegó la idea para este post, con un título coRto, hasta misteRioso, R.

 Reiniciar, Retomar, Reemprender, Recargar, Resurgir, Regenerar, Reanudar, Reset, pon la palabra que más te guste, pero con una R. Como decía mi madre, las R dan un sonido especial a las cosas, y sobretodo a los nombres, ya que en casa, los nombre de los chicos, todos tenían R, “suena más masculino”, largas discusiones tuvimos con nuestro primer perro, ningún nombre le gustaba, ya que no llevaban R, al final se impuso el criterio adolescente, y el perro, un rottweiler, fue agraciado con un nombre de dibujo animado, Son Goku.

 Todo lo anterior obedece a una especie de renacimiento personal (suena más profundo de lo que en realidad es), un cambio de vida que empecé a principios de 2013 y que me ha llevado a cambiar muchas cosas, empezando por el trabajo que desempeñaba como piloto (si de aviones, de pasajeros), mudarme (una vez más, y van….) y decidirme por una vida más tranquila, aunque lo suficientemente agitada debido a mi incesante, e innecesario muchas veces, poder de generar ideas que desarrollar, algunas buenas, otras no tanto, pero  que es uno de los motores que me ayudan a seguir viviendo lo más cerca de la felicidad.

 Empieza un nuevo viaje en mi vida, y este lo quiero compartir con quién quiera escucharme, una de las cosas en las que difícilmente podré cambiar es la necesidad de dar mi opinión sobre las cosas, a veces estaría mejor callado, pero que le vamos a hacer, me gusta expresarme sobre las cosas que pasan, claramente tendría que haber sido periodista o tertuliano.

Librea o pintando los aviones

 “Aircraft Livery” (Librea de aviones) es como se conoce en inglés a la pintura que identifica los colores de las aerolíneas. En el diccionario de la RAE no aparece como aceptado, pero en foros de internet es fácil encontrar la traducción librea como parte de la jerga aeronáutica.

La mayoría de la pinturas suelen ser tradicionales, sin nada especial, el logotipo de la compañía en la cola y el nombre normalmente en el “puro”, se usa el blanco como color principal y no se suelen ver muchos diseños divertidos o agresivos, a no ser que alguien pague la publicidad de los mismos.

 Para ilustrar esta entrada, yo me he decidido por la compañía sudafricana de bajo coste Kulula, con base en la ciudad de Johannesburgo, esta compañía rompe el molde, y pinta sus aviones de una manera realmente curiosa, con mensajes señalando partes del avión o simplemente disfrazándolo con pintura de camuflaje.
 La pintura en aviación es un tema complicado, en el que se está avanzando mucho. Para decirlo claramente, la pintura es cara y pesa, pintar un avión es costoso. La ciencia también avanza en ese sentido y ya se trabaja con pinturas que mejoran la capacidad aerodinámica de los aviones y que reducen los consumos de combustible.

Un lugar llamado mundo

 Aunque no soy muy de San Miguel (para mi de las peores cervezas de España), tengo que reconocer que sus campañas de publicidad son de mi agrado y el nombre de la marca es muy internacional, prueba a preguntar a algún “guiri” por una marca de cerveza española y lo verás.

 Lo que más me gusta de este anuncio esta claro que no es la cerveza, sino más bien la música del grupo Delafé y Las flores azules. Ya me gustaban mucho antes junto con Facto, al cual ahora casi ni reconozco.

 A estos señores los encontró mi santa en youtube mientras investigaba la compra de una bici plegable Dahon, desde ese momento me enganchó su forma de ver la música y sus divertidos vídeos musicales.